CAPÍTULO: EL PESO DE LA VERDAD
La tarde comenzaba a caer, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Damián caminaba con las manos en los bolsillos por el sendero que llevaba a la plaza central del barrio, donde lo había citado Ernesto. Lo había pensado muchas veces: enfrentarlo, insultarlo, preguntarle qué clase de hombre jugaba con los sentimientos de su madre.
Pero cuando lo vio sentado en el banco de madera, con los hombros vencidos y la mirada clavada en el suelo, supo que ese hombre no ne