El salón estaba en silencio, apenas alterado por el tic-tac del reloj de pared.
La jueza aún no había llegado, pero los presentes sabían que ese día algo cambiaría. Alejandra se sentó junto a Damián, sus dedos entrelazados sobre las rodillas.
Elsa permanecía firme, detrás de ellos, acompañada por Anahir y Silvia, que había querido estar presente; su salud había mejorado, su presión se estabilizó y por ahora su embarazo iba muy bien.
El día había llegado.
El juicio no solo era legal. Era mora