Capítulo 118 – La Carta que No Grité
La habitación estaba en penumbras. Solo la luz suave del pasillo se colaba por la rendija de la puerta entreabierta, dibujando líneas doradas sobre las sábanas blancas.
Anahir tenía los ojos fijos en la hoja. La carta de Nicolás se extendía entre sus manos temblorosas, y el sobre de los análisis reposaba sobre su regazo como una promesa olvidada. Su respiración era lenta, controlada… pero sus latidos iban descompasados. Como si el corazón y la mente no