El reloj en mi pared hacía tictac más fuerte de lo habitual.
7:30 pm.
Estaba sentada en el borde de mi cama, mi camisón rozando mis muslos mientras balanceaba las piernas inquieta.
Cada crujido de la casa, cada sonido distante afuera me hacía levantar la cabeza, pensando que podría ser ella en la puerta. Pero no. Nada.
Había estado esperando desde que llegué a casa, contando los minutos como si cada uno le perteneciera a ella. Ni siquiera me había molestado con la tarea. Mi mente estaba demasia