—Hola, Penelope —dijo Wayne, con una suave sonrisa jugando en sus labios.
Penelope lo miró fijamente, atónita, con la boca ligeramente abierta mientras la habitación a su alrededor parecía cerrarse, haciendo que le costara respirar.
—No… No… Yo… No puedo hacer esto —tartamudeó ella, sacudiendo la cabeza mientras su voz temblaba.
Comenzó a darse la vuelta, sus tacones plateados raspando contra el piso de mármol.
Wayne se levantó rápidamente, las patas de su silla rechinando ruidosamente contra e