—No puedo follarte en la playa… la arena… es… arghh… —gruñó Wayne, frotándose las sienes con frustración.
Las manos de Penelope se deslizaron por su espalda, agarrando su culo.
—No… no pasa nada —balbuceó ella, tambaleándose ligeramente mientras se inclinaba más cerca.
—Estamos en público. Alguien podría vernos —respiró Wayne, con las palabras forzadas.
Una sonrisa burlona se extendió por los labios de Penelope.
—Heh… tú… no parecías preocuparte por estar en público cuando… cuando estabas comie