Wayne retiró su mano del cabello de Penelope y la miró desde arriba, captando el brillo serio en sus ojos.
Una risa baja retumbó en su pecho.
—Tienes que estar bromeando, Penelope.
Penelope no respondió con palabras. En cambio, bajó la cabeza y volvió a tomar su polla ablandada en su boca.
Su lengua, cálida e insistente, giró alrededor de la punta.
Un débil gemido escapó de los labios de Wayne mientras sentía una descarga de sensación atravesar su cuerpo agotado.
Contra todo pronóstico, bajo el