—¡No señales, maleducado! ¡Y quítate eso de la cara! Ella es Salomé. Y a partir del sábado te empezará a dar clases particulares —me presentó. El chico se me quedó mirando unos segundos, pero no pude ver su expresión. Ttenía una especie de bufanda que le tapaba toda la parte baja de la cara. También llevaba puesto un chaquetón de invierno. Frío no tenía, eso era seguro.
—¿Otra más? Ya te he dicho que no vale la pena...
—¡Oye! ¡Preséntate como es debido! —le gritó aún más enfadada.
—Hola, me lla