Juliet
Las pujas no paraban. Se sentía como si una fiebre recorriera la habitación.
—¡80.000! —gritó un hombre desde las sombras.
—¡90.000! —respondió otro de inmediato.
La cabeza me daba vueltas. Me sentía como una muñeca, de pie allí en un fino camisón mientras unos hombres gritaban precios por mi vida.
¿Y si me querían para el tráfico de órganos? Si no, ¿por qué alguien pagaría tanto dinero por una simple humana? Mi mente iba a mil por hora, imaginando un millón de cosas que podrían hacerme