La palabra me golpeó como un impacto físico. Escuchar la palabra "verga" salir de su boca —la niña a la que había visto crecer— hizo que se me revolviera el estómago.
—Angel, para —dije, aunque mi voz no tenía fuerza. Bajé la mano y le agarré la muñeca con la intención de quitarla, pero mis dedos se quedaron ahí, presionando su palma con más fuerza contra mí.
¡Joder!
—Sí. Lo es, Angel. Ahora suéltame.
Pero ella no se movió. Reacomodó la cabeza sobre mi muslo, mirándome con esos ojos amplios y l