La victoria en el campeonato estatal había convertido el vestuario en una olla a presión de energía pura. El aire estaba cargado con el aroma de la victoria, colonia cara y el calor punzante del sudor. Habían ganado. Eran los reyes de la ciudad. Y Quill, la chica que siempre seguía al equipo, era su trofeo. Ella había aceptado ser la "celebración del equipo", y ahora estaba atrapada en el centro de su vestuario.
Seis atletas, todos altos, musculosos y vibrando de adrenalina, formaban un círcu