Alcancé el cordón de mis pantalones de chándal y dejé que cayeran a mis tobillos. Mi polla quedó libre, gruesa y palpitante, ya goteando una cuenta de preseminal que brillaba bajo el sol de la mañana. Estaba totalmente desnudo en el lugar. No perdí ni un segundo. Me acerqué, presionando mi frente contra su trasero suave y desnudo.
—Mírala, Angel —le susurré al oído. Le agarré las caderas, hundiendo mis dedos en su piel suave. Alineé la cabeza de mi miembro contra su abertura empapada. No solo l