«Más fuerte, zorra. Hazme creer que quieres esta destrucción.»
Mis sollozos resonaban con los gemidos del porno, las súplicas convirtiéndose en ruegos frenéticos mientras él continuaba el asalto —lengua en mis tetas, labios en mi coño, polla tentándome la boca— pero sin darme nunca lo que más ansiaba. La pantalla retumbaba con otra mujer a la que destrozaban los agujeros, semen salpicándole la cara mientras se atragantaba con una tercera verga. Mi cuerpo temblaba, cada centímetro de mí estaba e