El sacerdote tomó mi confesión y mi virginidad. Pt3
La puerta de la rectoría estaba sin llave.
Entré vestida exactamente con lo que él había dejado en mi buzón: un hábito real de novicia (velo negro, toca blanca, lana de cuerpo entero que me raspaba la piel desnuda debajo). Nada más. Sin sujetador. Sin bragas. Mi rosario enrollado con fuerza alrededor de mi garganta como un collar, el crucifijo colgando entre mis tetas desnudas bajo la tela áspera.
La casa estaba oscura salvo por una vela que parpadeaba en las escaleras. La seguí como una polill