El hijo del jefe me chantajeó para convertirme en su esclava de cría. Pt2
«Buenos días, señorita Harper». Su voz era terciopelo sobre acero. «El café está listo. Inclínate. Separa las piernas. Necesito comprobar que mi juguete está bien colocado».
«Eso es por llegar dos minutos tarde».
El lunes fue solo el comienzo.
Toda la semana fue una lenta y exquisita crucifixión.
Lunes
7:15 a.m. – Me hizo una seña con el dedo. Me arrastré bajo el escritorio mientras él se unía a la llamada ejecutiva. Diez minutos chupándosela en silencio y profundo, con la garganta trabajando a