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La esclava de oro

 Claro que en público Consuelo Castro no hizo ninguna escena. Tampoco mi madre dijo nada. Sé que tragó grueso, buscó  los ojos de mi padre y este solamente encogió los hombros. La gente seguía ahí y mi hermana mayor estaba ya justo a subirse al auto con su esposo, se iban.

Mamá la besó entonces una vez la alcanzara. Besó sus dos mejillas y le hizo una cruz en la frente. La miró con devoción y

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