Las semanas siguieron pasando y por fortuna o desgracia no me había topado más con el maravilloso y fogoso hombre de ojos azules. Aunque sé perfectamente cuál es su nombre, prefiero nombrarlo por su color de ojos.
Todo este tiempo he permanecido sumergida entre un mar de documentos. Solo me da tiempo de comer cualquier tontería y medio dormir. Cada vez que llega la noche y cierro los ojos, imagino que de un momento a otro va a irrumpir en mi habitación y poseerme como la última vez que lo hiz