Mundo ficciónIniciar sesión"Es la facultad o la capacidad que dispone una persona para controlar a otras o para hacer uso de lo propio. El concepto puede asociarse a la potestad o a la autoridad"
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En la actualidad
Seis meses después del primer encuentro
—No estás hablando en serio. —Ariana deja la aspiradora y se acerca a mí. —¿Ese hombre que acaba de irse es el padre del bebé que esperas? Gia, en serio, cuando haces algo lo haces a lo grande —dice sentándose en el sofá.
—Ven, vamos. Tengo que salir de aquí. —Intento levantarla del sofá, lo que no me es muy fácil, debido a mi gran barriga de embarazada.
Ariana desea guardar la aspiradora, pero yo solo quiero irme de este lugar, no puedo creerlo, está con esa mujer y la estaba tocando y además de eso, lo único que se le ocurre hacer es darme una orden, como siempre.
—¿Le dijiste que estás embarazada de él? ¿O no piensas decírselo? —Ariana no para de preguntarme cosas. —Amiga, no has querido darme los detalles de lo que pasó, pero ahora, después de ver a semejante hombre, tendrás que contarme todo con lujo de detalles. —Ni loca voy a contarle nada, no quiero recordar, más de lo que ya lo hago, las ocho noches más intensas de mi vida.
—Camina, quiero volver a casa —digo y ella trata de alcanzarme, no sé como piensa pasar su día limpiando casas en botas de tacón alto.
—Deja de caminar tan rápido ¿Vale? Que llevo tacones.
Durante el trayecto a nuestro barrio, Ariana no deja de hablar, me dice que ahora que me ha vuelto a ver, el señor Perverso va a irme a buscar, que enfrentará a todos los idiotas del barrio con tal de conseguir mi amor y estar conmigo y nuestro hijo, yo la miro impresionada, a veces pienso que de chiquita se cayó unas mil veces de la cama.
Estoy cansada, tengo hambre y hace frío, he perdido algunas horas de trabajo, pero en este momento, solo quiero descansar y encerrarme en mi casa.
Durante el trayecto en el tren, aproveché para excusarme con mis otros empleadores por no poder ir hoy, así que esta semana, tendré días más cargados para poder recuperar las horas.
Caminamos de la estación a nuestro conjunto de apartamentos, Ariana vive en el apartemento del frente, por eso nos hicimos amigas, porque salíamos todos los días a la misma hora para la escuela y empezamos a irnos juntas.
Una camioneta negra y lujosa se detiene a nuestro lado, dos hombres descienden y me toman de ambos brazos.
—¡Acompáñenos, por favor! —dice uno de ellos, conozco la camioneta y no voy a ir a ningún lado.
—¡Ey! ¿Qué hacen? —Ariana comienza a buscar en su bolso el spray pimienta que siempre lleva.
—Tranquila Ariana, no hace falta —digo con calma y me dirijo al hombre que acaba de hablarme. —Dígale a su jefe, que no pienso ir a ningún lado. —Suelto mi mano y empiezo a caminar.
—Señora. —El chico me vuelve a tomar del brazo y me entrega un teléfono celular último modelo.
"Dije dos horas"
Escucho la voz del señor Perverso y mi cuerpo reacciona de inmediato ¡Maldita sea!
—Y escuché muy bien ¿Cuál es el problema? —Ariana me mira preguntándome con gestos si es él.
"Sube al auto"
Su susurro es peor, no sé por qué mi cuerpo reacciona de esta forma, sin importar como él me hable, simplemente es como si tocara un botón y activara todas mis terminaciones nerviosas.
"O subes al puto auto o me tienes en tu casa en veinte minutos y no creo que quieras explicar mi presencia a tu madre"
¿Cómo sabe todo eso?
En realidad soy idiota, sus hombres no han venido en tren como yo, conocen donde vivo.
—Solo tengo treinta minutos y voy con mi amiga. —Si quiere que vaya, pues tendrá que aceptar mis condiciones, cuelgo la llamada sin esperar su respuesta. —Vamos Ariana. —Subo al auto y mi amiga me sigue.
—¿Estás segura? Porque puedo llamar a Enzo o a los chicos. —Sonrío, Ariana detesta a Enzo, pero si necesita su ayuda, no duda en utilizarlo.
—Todo está bien, tranquila. —El auto entra rápidamente a la autopista, yo vivo en el norte de París y al parecer el señor Perverso se está quedando en una de las ciudades más ricas de las afueras de París.
—Mira, nunca había venido a esta ciudad, es realmente hermosa dice Ariana y yo estoy totalmente de acuerdo.
Salimos de la ciudad y entramos por una vía, al parecer privada, llegamos hasta un gran portón, que se abre para dejarnos ingresar
—¡Madre mía! —Suspira Ariana. —Sabía que al club iba gente muy rica, pero mira, esta casa ¡es demencial!
—En realidad es un palacete y en esta ciudad existen muchos, este parece que es privado —le digo a Ariana antes de bajar del auto.
—Por aquí, señora.
Entramos a la casa y nos guían hasta el fondo, donde se encuentra una terraza, hay una mesa, instalada discretamente en una esquina, al lado de un gran sofá de exteriores equipada con algunos tentempiés, jugos y bebidas alcohólicas.
—Señorita Ariana, si gusta esperar aquí por favor. —Ariana me mira y yo asiento, estaba segura de que él no querría hablar delante de ella.
¡Claro, seguro que lo último que va a hacer es hablar!
Dejo de pensar estupideces y sigo al hombre que me guía hasta el segundo piso, abre la puerta de una habitación bastante iluminada, me impresiono al comprobar que es una especie de taller de escultura, hay varias estanterías con cerámicas y trabajos en barro y en el centro un torno de alfarero sobre un burro de madera.
Observo el lugar, impresionada, nunca me imaginé que algo como moldear barro o arcilla le gustara a este hombre, aunque pensándolo bien, le gusta tener el control y cuando ejerces control moldeas las cosas a tu conveniencia.
—Así que eres un alfarero —digo cuando lo veo caminar desde la ventana hacia mí, se ha cambiado de ropa, tiene un jean y una camisa manga larga negra, parece más joven y accesible. —¿Qué quieres? —No voy a dejarlo controlar la situación, por más dinero que tenga.
Se acerca a mí y se detiene a menos de medio metro, mi corazón empieza a latir con fuerza y mis manos me sudan.
—Quiero que me asegures, que no vas a seguir con ese tipo. —Su mano se detiene en mi mejilla, para luego descender por mi cuello y llegar hasta el valle de mis senos, mi respiración se vuelve más superficial.
—No sé de lo que estás hablando. —Logro contestarle, si sabe donde vivo, tal vez ha estado siguiéndome e imagino que habla de Enzo.
—Lo sabes y no voy a entrar en explicaciones innecesarias, no quiero a mi hijo cerca de él. —No debe sorprenderme que lo sepa, ni siquiera lo pregunta, solo lo afirma, no refleja ni una duda.
Se aleja y se acerca a una de las estanterías. Ni un grito, ni siquiera ha levantado la voz y, sin embargo, su tono es completamente frío, cortante.
—Puedo estar con quien se me pegue la gana, soy una mujer libre y soltera —digo sin confirmarle la paternidad, si él no va a entrar en explicaciones, yo tampoco.
—No lo eres, si llevas a mi hijo en tu interior, y como eso es lo que sucede, no vas a estar con él, vas a dejarlo. —Aprieto los puños.
Este hombre se desaparece por casi seis meses y luego sale de la nada y viene a exigirme que haga lo que él quiere y encima, me doy cuenta de que conoce toda mi vida y, sin embargo, nunca hizo acto de presencia, a pesar de que he pasado por las circunstancias más difíciles.
No necesito de su caridad, pero si estaba tan preocupado por su hijo, debió aparecer antes.
—¿Y el sentido paternal te ha nacido ahora, así de repente? —Continúo de pie, no me he movido del lugar, estoy cerca de la puerta, lo observo como toma un muy elaborado diseño de un caballo.
—Me pediste dejarte tranquila y lo hice, te dejé vivir tu vida sin mi intervención, llevabas mi hijo en tu interior y confié en tu criterio, hasta hoy. —¿Qué diablos está diciendo?
—¿Quién diablos te crees? No eres nadie para determinar si me dejas o no en libertad, no eres mi dueño, no me dominas, no puedes aparecer de un momento a otro, ni puedes exigirme nada, yo salgo con quien se me da la gana. No eres nadie en mi vida, ni siquiera sé tu nombre, eres un fantasma, un puto desconocido y así aparecerás en el acta de nacimiento de mi hijo. —Detiene sus movimientos y posa el caballo en el estante, se vuelve y se acerca a mí, lo hace tan rápido que no tengo tiempo de reaccionar.
—Vas a dejarlo porque no soy un puto desconocido, soy tu puto dueño.







