—Vas a dejarlo porque no soy un puto desconocido, soy tu puto dueño.
Enreda su mano en mi cabello, levanto la mirada, es muy alto y tengo zapatos bajos, me habla al oído, mientras con la otra toma mi cintura.
— Eres mía Gia, no lo olvides y yo soy tuyo, ¿Lo recuerdas?
Su boca desciende por mi cuello. Sabe mi nombre, cosa que no me sorprende, a estas alturas sabrá todo de mí y yo soy tan estúpida que no sé ni como se llama.
—El trato solo fue por siete días, no te pertenezco, ni tú a mí. —Trago