Mundo ficciónIniciar sesión—Vas a dejarlo porque no soy un puto desconocido, soy tu puto dueño.
Enreda su mano en mi cabello, levanto la mirada, es muy alto y tengo zapatos bajos, me habla al oído, mientras con la otra toma mi cintura.
— Eres mía Gia, no lo olvides y yo soy tuyo, ¿Lo recuerdas?
Su boca desciende por mi cuello. Sabe mi nombre, cosa que no me sorprende, a estas alturas sabrá todo de mí y yo soy tan estúpida que no sé ni como se llama.
—El trato solo fue por siete días, no te pertenezco, ni tú a mí. —Trago con fuerza.—Estabas con otra mujer, no tienes dominio sobre mí, así como yo no lo tengo sobre ti. —Levanto la mirada retadora, no va a venirme con las idioteces de su trato.
—Nada ha terminado, llevas a mi hijo, nos pertenecemos el uno al otro —deja mi cabello y levanta mi mentón, mis senos se han vuelto más pesados, mis pezones completamente sensibles. —Ella no es nadie importante y no pasó nada entre nosotros —dice, alejándose de nuevo.
El muy idiota espera que yo le crea como si nada. Esta conversación no tiene sentido, no voy a quedarme aquí como una tonta escuchando sus mentiras y pendejadas, me giro y camino hacia la puerta.
—Luka. —Me detengo al escuchar el nombre. —Me llamo Luka konstantinos Meyers, puedes llamarme Luka; nací en Brúselas hace veintisiete años, de padre belga y madre griega ¿Es suficiente para el acta de nacimiento? —¡Maldito imbécil!
—Normalmente, piden la fecha de nacimiento —digo por joderlo, en realidad, la fecha de nacimiento es superimportante en Francia, es lo que permite diferenciar a dos personas cuando son homónimas.
—Veintidos de junio. —Contengo la respiración.
¿El día que nos vimos por primera vez, era su cumpleaños?
—Tengo que irme —digo, pero antes de abrir la puerta, siento su pecho contra mi espalda, como el primer día; tengo que salir de este lugar, estoy tan húmeda, que podría cometer una locura.
—Extrañaba tu olor —dice.
Pasa su mano por mi cintura y acaricia mi vientre, cierro los ojos, se siente tan bien, siento las cosquillas que se instalan en mi interior antes de que el bebé se mueva ¡Oh Dios mío! Que no lo haga ahora.
—Se siente un poco diferente, debe ser por el embarazo. —El bebé se mueve y su caricia se detiene. —¡Se ha movido! —Exclama impresionado.
—Debo irme. —Aprovecho y me separo de él, abro la puerta y me dirijo de prisa a las escaleras.
—¡Detente! —Su voz vuelve a estremecerme, no puedo creer que ejerza tanto control sobre mí, soy una idiota.
—¿Qué deseas?
No creo que solo me ha hecho venir aquí porque cree que estoy con Enzo, sabe que vamos a tener un hijo, pero no ha dicho absolutamente nada al respecto, no sé si quiere participar activamente en su crianza o no, no voy a estar todo el tiempo a la expectativa, esperando para ver cuando aparece.
—Te lo he dicho, quiero que dejes a Enzo. —Al parecer, controla todos mis movimientos, pero a pesar de eso, no va a lograr dominarme o tenerme a su disposición.
—¿Eso quiere decir que estamos juntos?
Me giro y lo miro, sus ojos parecen oscurecerse más de lo que ya lo son, su expresión es sombría, fría, me ha congelado de inmediato.
—¿Qué somos tú y yo? —Me acerco a él y lo miro a los ojos —Si nos pertenecemos, Dime Luka. —Cierra los ojos un segundo y su expresión cambia por un instante, es la primera vez que digo su nombre. —¿Somos una pareja?
Pasa su mano por mi cintura con rapidez y me gira y apoya contra la pared, sus labios toman los míos de manera salvaje, como si fuera un sediento frente a una gota de agua, me devora.
Mis manos lo rodean y siento la necesidad de pegarme por completo a él, pero mi vientre no lo permite, sus manos toman mis mejillas y moldean nuestro beso, no me permite respirar.
Mi corazón y el suyo palpitan al unísono, mi vientre se contrae, mi centro palpita y la humedad se desliza por mi interior, mis pezones se rozan contra su pecho y solo pienso en tenerlo en mi interior.
—Nada —susurra Luka. —Tú y yo no somos nada, Gia. —Detiene el beso y se aleja de mí, abro los ojos al sentir su ausencia. —Somos los padres de este bebé.
Toca mi vientre y sonríe de verdad y creo que su sonrisa es la más hermosa que han mirado mis ojos, debería hacerlo seguido.
¡Soy una idiota!
—Nos pertenecemos Gia, pero no estamos juntos, no somos nada. —Su expresión cambia, ahora está muy serio.
¿Qué diablos está diciendo?
—Explícate, porque no entiendo nada de lo que dices —digo y cruzo mis brazos, no quiero que mire mis senos, algo idiota, porque ya los ha tocado y besado.
—Lo único que debes entender, es que no vas a seguir con Enzo. —Me dice y comienza a alejarse.
—¡Ya te dije que iba a hacer lo que yo quisiera! —le grito.
—No grites Gia, sabes que detesto los gritos —dice. —Y no te atrevas a contradecirme, te aseguro, que no querrás que intervenga.
¿Me está amenazando?
—Que tengas un buen día Tesoro, nos veremos pronto. —Se vuelve y me mira intensamente durante varios segundos.
Me he quedado de piedra, mirandolo cerrar los ojos y sacudir la cabeza, para luego entra al taller y cerrar la puerta.
Me quedo de pie, sin entender lo que acaba de pasar, Luka, el señor perverso se llama Luka y al parecer es un millonario al que le gusta la alfarería, pero también es un hombre al que le gusta controlar, dominar y tomar, pero no da nada a cambio.
¡Maldita sea!
Ya había decidido terminar con Enzo algo que empecé por los motivos equivocados, pero ahora, no sé qué hacer, no puedo estar con Enzo por molestar a Luka, pero ganas no me faltan.
Como odio a este tipo, me giro furiosa y veo en el pasillo sobre una mesa un caballo casi idéntico al que tenía Luka en el taller, lo tomo y lo lanzo con rabia contra la puerta por la que él acaba de entrar.
—Que tenga un buen día ¡Maldito imbécil! —grito con todas mis fuerzas, viendo con satisfacción como su puto caballo, se hace añicos.







