Mundo ficciónIniciar sesión—He dicho que te lo pongas. —Su voz es más fría, pero sin gritar.
He decidido que voy a hacerlo gritar, tal vez no lo haga hoy, pero va a hacerlo y lo guardaré como un logro personal.
—Ya sé que no te gusta repetirte, pues a mí no me gusta vestirme como otros quieran, tengo mis gustos personales. —Se pone de pie y camina hasta detenerse frente a mí, pasa un dedo con parsimonia por la tira de mi vestido
—Lindo — susurra a mi oído. —Pero me he pasado todo el día, imaginando como te follo mientras traes puesto ese body y he estado duro desde ese momento. —El escalofrío al parecer, se va a convertir en una sensación permanente en mí, cada vez que este hombre me hable al oído.
—Debió ser muy complicado, ya sabe, es algo que no se puede disimular con facilidad —respondo girando mi cara y pasando mi mano por su nuca, él se inclina y sonríe, siento su cálido aliento y mis pezones se rozan contra mi vestido.
—No te preocupes, tengo mis métodos para aliviarme. —¡Mierda!
Me toma de la cintura y me pega contra él, siento su erección al hacer contacto contra mi pelvis, trago fuerte y me sostengo mucho más fuerte contra él, sus labios besan suavemente mi mejilla y se deslizan hasta llegar a los míos
—Póntelo. —Vuelve a repetirme.
Levanto la cara y lo miro a los ojos, desafiante. No voy a dejarlo hacer lo que quiera, está claro que es él, el que tiene la experiencia, pero eso no le da todo el derecho a decidir y ordenar.
—Te lo agradezco, es hermoso, pero estoy bien así.
Su mirada llena de fuego me acobarda por un segundo, levanta su mano y la cierra en mi garganta, tan rápidamente que no me deja un solo segundo para reaccionar.
—Así que eres una rebelde —dice mirándome a los ojos.
Desciende la mano y baja la tira de mi vestido muy suavemente, luego lo hace con el otro lado y sin previo aviso, lo desliza de manera un poco brusca, se inclina y se detiene frente a mi pelvis, su respiración acelerada contra mi centro, cierro un poco las piernas y fricciono, me he mojado por completo.
—Pero aun así, puedo sentir tu humedad y su olor me encanta. —¡Dios mío!
La idiota de Ariana no me dijo nada de esto, que los hombres tal vez podían hacerte correr solo con hablarte.
Siento la necesidad de posar mi mano sobre su cabello y presionar hasta que su boca se pose en mi centro.
¿Se enojará si lo hago?
Mientras medito sobre lo que quiero hacer, algo increíble teniendo en cuenta que ni siquiera puedo controlar mi cuerpo, siento como el Señor perverso se pone de pie, me toma de los glúteos y me levanta del suelo, cierro mis brazos a través de su cuello, su movimiento me ha sorprendido.
—Rodea mi cintura con tus piernas. —Otra orden, pero en esta ocasión, debo hacerlo o voy a caer.
En dos pasos, me encuentro apoyada contra la pared, escucho la cremallera de sus pantalones, como rasga un preservativo y segundos después, su miembro me embiste con fuerza.
¡Oh Dios!
Pierdo el aliento y me presiono contra él, estoy prendida de brazos y piernas a su cuerpo, siento cada uno de sus movimientos y el roce de su ropa.
—¡Mírame! Cada vez que te folle, vas a mirarme.
Sus embestidas son tan fuertes que mi cuerpo se golpea contra la pared, sube y baja, la sensación de dolor inicial ha pasado, no tengo experiencia, pero juraría que su miembro es inmenso, se siente tan profundo que tengo la impresión que va a partirme en mil pedazos.
Empiezo a gemir y a gritar, cada estocada me hacen perder el sentido de la realidad, grito, me agito, siento cómo el fuego crece en mi interior, mis manos rodean su cuello, se deslizan por su espalda, aprietan, arañan, mi boca lo busca, pero él no me besa, su mirada desafiante sobre la mía, mientras se inclina un poco y aumenta la velocidad de sus embestidas.
—¡Merde! —grito.
Inclino mi cara y muerdo su hombro, una de sus manos, que antes rodeaban mi cintura, se posa de nuevo en mi cuello.
—Vas a ponértelo —repite mientras su boca se apodera de la mía, su beso me deja sin aliento, completamente salvaje.
Su lengua se introduce en mi boca a la misma velocidad de sus embestidas, siento que no puedo respirar, pero tampoco quiero que pare, envuelvo mis manos en su cabello, presiono con fuerza y en esta ocasión soy yo la que controla el beso, sus embestidas continúan y me doy cuenta que estoy a punto de correrme, no sabía que lo necesitaba tanto
—Y ahora, vas a descubrir, lo que sucede cuando no me escuchas —dice separando su boca de la mía y deteniendo sus movimientos.
—¿Qué haces? —pregunto perdida.
Necesito volver a sentirlo en mi interior, sus manos en mis glúteos me permiten moverme, intento rozarlo, hacer que vuelva a introducirse en mí, abro un poco más mis piernas.
—¿Qué quieres? —pregunta mientras acaricia mi cabello y vuelve a embestirme-
¡Oh sí! ¡Es maravilloso!
—Correrme —digo un poco avergonzada, en este momento, soy capaz de hacerlo todo por correrme, deja de moverse y yo vuelvo a buscar fricción contra su cuerpo. —¡Por favor! —susurro.
El señor Perverso vuelve a penetrarme, una, dos, tres veces, con mucha calma, necesito más fricción, más potencia, más fuerza.
—¡Fóllame, por favor! —digo con los dientes apretados, tirándo de su pelo.
Él me mira y se muerde el labio inferior, lleva una mano hasta mi centro y la extiende, tocándome.
Siento como introduce dos dedos, suspiro por la invasión, para luego sacarlos antes de sentir su miembro entrar con mayor potencia.
¡Oh sí!
Levanto mis ojos velados y observo como se lleva los dedos a la boca, trago fuerte al verlo y tener la sensación de la humedad desciendiendo en mi interior.
—Cada vez más mojada, cada minuto que pasa, me vuelvo más adicto a tu sabor. —Entreabro la boca, no sé qué quiero, pero ver como me saborea me ha dejado en jaque. —¡Pruébanos! —dice y yo abro la boca inmediatamente.
La mezcla de su sabor y el mío es fuerte, salado, extraño, pero a pesar de eso, me parece lo más erótico del mundo, solo por esto, lo probaría todos los días.
Vuelve a embestirme al sacar sus dedos de mi boca.
—¡Oh por Dios! —gimo y cierro los ojos.
—¡Mírame! —Lo hago inmediatamente. —No es difícil hacer lo que te dicen ¿Verdad Tesoro? —Asiento mientras muerdo mis labios al sentir de nuevo una fuerte embestida. —¿Deseas correrte? —pregunta suavemente, en contraste con su potente embestida, asiento con mi cabeza y muerdo mis labios —¡Dímelo!
—Sí, sí, por favor, deseo correrme. —Acelera el ritmo y yo vuelvo a sentir el fuego comenzar a montar.
—Y yo quiero que te corras, tesoro, es un placer hacer todo lo que deseas.
Sus labios se acercan a los míos y la combinación de su olor y el mío me embriagan, gimo con las sensaciones aumentando en mi interior, mis paredes vaginales se contraen, estoy a punto de correrme.
—¡Ponte el body! —Abro los ojos al escucharlo ¿De qué está hablando? —¡Dilo! —Baja el ritmo de sus embestidas.
¡No! ¡No! ¡No! ¡Necesito llegar!
—¡Dilo!
—Sí, maldita sea, me lo pondré, lo juro, pero has que me corra ¡Ahora! —grito y en ese momento, el señor perverso me penetra como nunca hasta ahora, su miembro entra sin piedad, con fuerza y potencia, arrasando con todo en mi interior, el fuego me consume entera.
Grito tan fuerte que siento el sabor de la sangre en mi garganta y como mi cuerpo se estremece por completo.







