El trayecto hasta la habitación de Sebastián es un suplicio para ellos, para mí se reduce en un intento por llegar a una puerta imaginaria porque tengo conocimiento de un suceso que nadie puede saber o al menos eso dice la voz: "Sabes el secreto, no puedes vivir". Una risa macabra capaz de helarme la sangre me obliga a centrar mi objetivo en escapar. Por momentos escucho las palabras de Dalia, los bufidos de Sebastián y la respiración de Pavel, pero una parte de mí está muy lejos de ahí, se afe