Invito a pasar a Dana, después de todo, es mi amiga y si vino hasta acá solo para cerciorarse de que estoy bien, lo vale. Amigas como esas no abundan.
Le doy un tour rápido por la habitación, no dura más de diez segundos, pues no hay mucho que mostrar. Finalmente, nos sentamos en la cama y durante unos minutos nos quedamos en silencio. Nunca tuve un solo momento incómodo con mi mejor amiga, estuviéramos en silencio, charlando animadamente, bebiendo como si nuestro hígado fuera de acero o viend