Dudo durante una milésima de segundo antes de dejar en el suelo al salvador y correr hacia Sebastián. Pavel es el primero en llegar a él, lo levanta suavemente y lo recarga en los barandales de las escaleras, pero le ordeno que lo recueste en el suelo del quiosco y lo cambia de posición. Tiene una herida bastante fea en la sien, además, una mancha de sangre adquiere tamaño en su playera verde claro. No es grande, pero la mera visión me aterra; por un instante quiero salir corriendo, después pie