Cuarenta y uno.2

Niegan. Tengo mi teléfono, fuera de eso no traje más conmigo. Tal vez solo querían hablar.

―¿Nos estaban midiendo? ―Pavel se encoge de hombros―. Para ver qué tanta pelea damos.

No sé, las acciones de los acosadores carecen de sentido para mí.

Escuchamos que la puerta se abre y el hombre nos avisa que podemos pasar. Soy la primera en cruzar el umbral, Sebastián está sentado sobre la mesa, sin playera, puedo ver que la herida está vendada, no hay sangre visible. Me acerco a él y lo ayudo a poners
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