Noviembre, 2009.
La razón exacta por la que me despierto es desconocida. Habrá sido el sonido crepitante, tal vez el olor del humo o el instinto de supervivencia. Pero cuando abro los ojos, me doy cuenta de que estoy metida en un aprieto. Y uno grande.
Debido al terror y desesperación que se apoderan de mí al unísono, me hundo junto a mi cama abrazando mis piernas.
Es fuego. El departamento se está quemando. Dos toses se me escapan, si permanezco mucho tiempo aquí, moriré asfixiada, sin embargo