Siento una fuerte sacudida, después otra y entonces una mucho más fuerte. La gélida mano de alguien me toma por el cuello como intentando levantarme, pero no puedo. No quiero. Su frío tacto no es agradable, hay miedo de por medio, un terror naciente cuya semilla empieza a germinar, se cuela por sus poros e invade su cuerpo. Impotencia, duda... lucha, aún hay esperanza y debo pelear.
—¡Kendra no te duermas!
Y logro incorporarme un poco. Veo los ojos de Tristán e intento no perderme en ellos, no