EXTERIOR – VIÑEDO ABANDONADO – ATARDECER.
El sol comenzaba a ocultarse entre las colinas, bañando de un naranja melancólico las ruinas del viñedo. El coche negro esperaba a pocos metros del portón principal. Vittorio caminó despacio, con el rostro tenso, la mandíbula apretada, y los ojos todavía perdidos en lo que acababa de suceder.
Cuando llegó al vehículo, Enzo, su hombre de confianza, salió del asiento del conductor y le abrió la puerta trasera. Pero Vittorio no subió. Se quedó de pie, mira