Cristian lo miró en silencio, su mandíbula apretada. La tensión en la habitación era palpable, como si el aire mismo se hubiera vuelto más pesado.
—Sólo dime de una vez qué tiene James que sea tuyo —gritó Liam finalmente, su paciencia agotada—. ¡Dímelo!
El silencio que siguió fue casi ensordecedor. Cristian se levantó lentamente de su silla, caminando hacia la ventana mientras miraba al horizonte. Su espalda era una barrera que Liam no podía cruzar, un muro que ocultaba la verdad.
—No puedo dec