Liam no podía detener las lágrimas. Su cuerpo se sacudía con cada sollozo, como si todo el dolor acumulado durante años estuviera finalmente encontrando una salida. Derek, que lo observaba desde el borde de la cama, sentía cómo cada una de esas lágrimas desgarraba su corazón un poco más. No importaba que estuviera justo a su lado, sosteniéndolo, amándolo. El peso del sufrimiento que Liam cargaba era una herida invisible que Derek no podía sanar solo con su presencia, y esa impotencia lo consumí