VIOLA
Por primera vez en muchos años, me desperté no por una pesadilla, ni por el sonido de Kael golpeando la puerta, ni porque mi cuerpo temblaba de miedo. Me desperté por... el silencio.
Un silencio cálido. Un silencio que, curiosamente, se sentía como un abrazo.
Abrí los ojos lentamente. Había una manta gruesa, un suave aroma a lavanda y la luz de la mañana entrando por las cortinas entreabiertas. No era mi habitación. No era la habitación donde había pasado cinco años criando a Kenny yo sol