El viento en los Acantilados Fantasma no solo soplaba; gritaba. La niebla era tan espesa que Elias apenas podía ver sus propias botas mientras luchaban por encontrar agarre en la pizarra mojada. Había enrollado las bolsas de plástico de la compra alrededor de sus antebrazos; el peso le tiraba de las articulaciones de los hombros hasta que sentía que podrían dislocarse.
Detrás de él, el crujido de botas sobre la grava sonaba distante pero constante. Su perseguidor no corría. Sabía que el terreno