El ritmo del trabajo cambió una vez que las pesadas vigas de cedro quedaron apiladas ordenadamente contra el lateral de la galería. Elias sintió una nueva clase de energía vibrando en sus extremidades, un impulso que iba más allá de la mera supervivencia y rozaba los bordes del propósito. Tomó un cepillo de mano; la hoja plateada brilló bajo la pálida luz mientras comenzaba a alisar la superficie áspera de la primera viga.
Las largas y rizadas cintas de madera caían sobre la grava como virutas