Mundo ficciónIniciar sesiónLa pintura roja de la puerta de la galería era terca. Elias llevaba dos horas frotando y sus brazos se sentían como plomo. El sol ya estaba completamente arriba y el calor intensificaba el olor de los químicos y la pintura.
Cada vez que pasaba un coche, el conductor reducía la velocidad. Elias no levantaba la vista. Sabía que no se estaban asegurando de que estuviera bien. Estaban mirando la palabra “BUI







