Reira ya no lo soportaba. El peso de la vergüenza, la culpa, la sensación de haberse perdido en algo tan... sucio, la aplastaba. Quería levantarse, salir corriendo, escapar de esa habitación, de esa cama, de todo lo que acababa de pasar. Le temblaban las piernas, el cuerpo aún le dolía, pero la urgencia de irse la quemaba por dentro.
Miró las sábanas, las mismas sábanas ahora manchadas, como si cada resto fuera un recordatorio de lo que había hecho. La repugnancia la invadió, como si el simple