—Viniste — Dijo la mujer mientras saltaba y se arrojaba al cuello de su visitante llena de alegría.
—Suéltame, no seas pegajosa —Hablo el hombre con frialdad mientras la empujaba hacia un lado ejerciendo fuerza innecesaria, la mujer tropezó con el mueble para luego sobar su cadera que se había golpeado fuertemente al rebotar contra el piso.
—¿Por qué tienes que ser así, Diego? —Pregunto ella haciendo un puchero con sus labios mientras se levantaba del piso suavemente, tratando de soportar el do