La otra niña la miraba desde una esquina, sus ojitos abiertos de par en par mientras miraba la interacción entre ellos.
Su corazón se llenó de ternura al verla tan alejada de todos ellos, se acercó a su lado y toco suavemente sus cabellos. — Y tú, pequeña, ¿Cómo has amanecido?
—Bien tía, dormí bien. — El corazón de Luana se encogió un poquito al escuchar como la llamó Gis, pero tenía que entender que la niña, no sabía quién en realidad era ella. Se tranquilizó, le tomo de la mano y la condujo h