Valentino tocó la puerta del consultorio del doctor Quezada, su estómago ardía como si se estuviera incendiando, pronto tendría que visitar al gastroenterólogo. Si no se controlaba terminaría enfermando más y no podía darse ese lujo. Toco la puerta.
—Adelante — respondieron desde adentro del consultorio.
—Quezada, aquí estoy. —Dijo este mientras abría la puerta y se quedaba mirándolo.
—Adelante Valentino, pasa y toma asiento.
—Entrarán dos personas más conmigo, son mis abogados y no hago nada s