La puerta se cerró con un golpe seco que todavía vibraba en las paredes cuando el silencio cayó entre ellos.
Erick permanecía de espaldas a la entrada, con la mandíbula tensa y los puños cerrados a los costados. Amelia seguía de pie en medio de la sala, como si aún no procesara del todo lo que acababa de ocurrir.
“Te tienes que casar con Clara.”
La frase todavía resonaba en su cabeza.
Erick giró lentamente.
—¿Estás bien? —preguntó, acercándose.
Pero Amelia dio un paso atrás.
No fue brusco. No f