CAPÍTULO 50 — Patrick frente a Amelia.
—Hola, Amelia.
El mundo pareció detenerse.
Amelia sintió cómo la sangre se le helaba en las venas, pero no retrocedió. Se mantuvo firme en el umbral del penthouse, con una mano aún en la manilla de la puerta y el corazón golpeándole con fuerza contra las costillas.
Patrick estaba frente a ella.
Desalineado. La corbata suelta, el saco abierto, los ojos enrojecidos y encendidos de una furia que no intentaba ocultar. Olía a alcohol y a desesperación.
—¿Cómo… cómo entraste? —preguntó Amelia, obligá