Kayla llega al restaurante. Al bajar del taxi siente muchos nervios; no sabe qué le espera adentro. No se mueve en absoluto; solo se queda mirando fijamente la fachada elegante del lugar. Sin darse cuenta de que el vehículo que la trajo se ha ido.
Pasan unos minutos en los que ella ni se inmuta. Los transeúntes pasan a su alrededor. Ignorándola por completo. No es de extrañarse ese comportamiento. En una ciudad tan enorme donde habitan cientos de personas desconocidas, nadie se enfoca en lo que hacen los demás.
El cielo se ha tapado por una densa nube oscura. Una gota cae impactada en la mejilla de la joven. Trayéndola a la realidad. Levanta la vista hacia el cielo viendo cómo las gotas caen. Las personas a su alrededor corren para no mojarse. Ella no lo hace; solo da un paso al frente caminando directo. Al entrar, una melancolía la invade. Los recursos bellos que pasó con Hugo invaden su mente. Las incesantes risas. Los besos tiernos y cálidos. Y las múltiples travesuras debajo