Capítulo 10.

—¿Por qué me ves así mi Mérida? —dice divertido el muy cabrón.

—Por nada —contesto con valentonería, sin darme cuenta de mi gran error, mi clítoris comienza a vibrar fuertemente. Me muerdo el labio aguantándome los gemidos y cuando estoy a punto de correrme, él se detiene nuevamente. Lo miro con frustración y odio.

—Vámonos —me toma de la mano

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