~Ava
El primer canto del gallo rasgó el silencio como un cuchillo, agudo, irregular, imposible de ignorar.
Un segundo le siguió, luego el cloqueo bajo y gutural de las gallinas en el patio del vecino. Amanecer. Una luz gris pálida se filtraba por las cortinas y pintaba el pasillo con rayas frías e implacables.
Me dolía el cuello. Mi rostro estaba costroso por las lágrimas secas. Seguía desplomada contra la puerta, con las rodillas contra el pecho y la sudadera hecha un triste nido debajo de mí.