ABRE, AVA.
~Ava
Entramos por la puerta principal y el aire cambió, como si alguien hubiera abierto un congelador y dejado que el frío se derramara.
Enzo dejó mi bolsa del hospital junto a las escaleras, tal como lo había hecho cientos de veces antes, solo que esta vez su mano no se detuvo en mi cintura.
No me besó en la frente. Ni siquiera me miró más de un segundo.
Lo observé quitarse las botas con lentitud y deliberación, los hombros rígidos bajo la chaqueta de cuero que aún no se había quitado. El sile