Las miré fijamente; la boca seca; el pulso martilleándome en los oídos.
Ava e Isla seguían apretadas juntas; las mejillas sonrojadas; los labios rojos de haberse besado.
Sus manos no se habían movido de donde estaban: los dedos de Ava amasaban el culo de Isla a través de los leggins; las uñas de Isla raspaban ligeramente la zona baja de la espalda de Ava.
Me miraban como si ya supieran lo que mi cuerpo estaba haciendo.
Me moví en la cama; los muslos se apretaron, intentando aliviar el dolor ent