ENZO, SIEMPRE DISPONIBLE.
~Ava
Llamé de vuelta antes de que Enzo pudiera siquiera procesar todo lo que acababa de soltarle.
Dije en el segundo en que contestó. —Dile a Adrian que se quede donde demonios esté con su anillo y su culpa. Tú ven en su lugar.
Un segundo de silencio.
—¿Yo? —preguntó Enzo, voz baja, cuidadosa.
—Sí. Tú. Estoy sola en casa. Aburrida hasta la médula. La puerta está sin llave. Trae lo que quieras, alcohol, hierba, solo ven.
No esperé respuesta.
—O no vengas —añadí, más suave, casi retándolo—. Pero