~Ava
Se aseguró de que la puerta se cerrara con un suave clic y la cerró con llave.
En el segundo en que el pestillo saltó, el aire cambió.
Sus ojos estaban oscuros, hambrientos, pero también había algo nervioso en ellos: diecinueve años, todavía suaves en los bordes, nada como la brutal confianza de su padre.
Me acerqué, le tomé la cara entre las manos y lo besé despacio. Dulce. Un beso de verdad, de boca abierta y suave, dejándole probarme, dejándole decidir.
Se derritió en él; las manos subi