Mundo ficciónIniciar sesiónAquella noche, Fausto acabó sin lágrimas. Lloró tanto que la chica de recepción tuvo que acercarse a él para preguntarle si todo estaba bien. Él dijo que no le pasaba nada, y no mintió. En sus adentros había nada… o casi nada. Solo el vacío de un corazón fracturado y el eco de un alma moribunda.
No sabía si le dolía más la traición de







