Lara
Mientras la brisa nocturna me eriza los vellos, mis ojos se clavan en el negro del firmamento. La luna está a la mitad, débil, opacada por las nubes. Casi no hay estrellas. Más bien es como si la negrura del cielo estuviera ensuciada con el gris de las nubes, lo que augura lluvia.
Miro a mi alrededor y adelanto el paso. Solo llevo mi peluca, el manto y una bata larga, pero mis ojos siguen del mismo color y mantengo mi voz.
He salido de mi habitación porque necesito aire fresco. Sé que es p