Morana
Arranco las malezas de las plantas junto a los demás mientras intento que los temblores por el frío no me sean un obstáculo para llevar a cabo este trabajo horrendo.
Todavía el sol no ha salido y el sereno me hace sentir húmeda. Para colmar mi situación, no tengo ropa que me abrigue.
Suelto un suspiro y observo mis manos heridas, pues no sé hacer esto sin lastimarme.
Soy un desastre.
—Ya sanarás, sigue trabajando —me dice uno de ellos.
Tengo ganas de insultarlo, de golpearlo y hacerle e