Morana
Camino de un lado a otro, debatiéndome entre salir o no de la habitación.
Estoy aterrada.
No quiero encontrarme con Shenen nunca más en mi vida…
Me miro las manos, que tiemblan, y me siento en la cama para pensar qué haré ahora.
—Si tan solo Killiam apareciera, yo podría regresar con él a la manada —digo, mortificada, no solo por el hecho de que necesito volver a casa y huir de Shenen, sino también porque es muy raro que Killiam no haya dado señal de vida.
Eso me preocupa bastante.
—¡Qué tonta soy! ¿Por qué actué como una loca cuando Shenen me besó?
Estaba tan nerviosa que lo mordí; luego abrí la puerta a toda prisa y me encerré aquí. Desde entonces no he salido. No cené ayer y ya casi es mediodía, y no he desayunado.
Me pregunto qué hubiera sucedido entre Shenen y yo si le hubiera correspondido ese beso.
—De seguro diría que fue un error… —Me muerdo el interior de los labios—. ¿Y si de verdad estaba dispuesto a aceptar nuestro lazo?
El corazón me salta, emocionado, pero niego